logo artajo logo Principe de Viana

HOME

INICIO > QUE VER > RUTAS > RUTA POR EL RENACIMIENTO

RUTA POR EL RENACIMIENTO EN LA RIBERA NAVARRA

RUTA POR EL RENACIMIENTO

LA RIBERA DEL RENACIMIENTO

En el siglo XVI, después de ser anexionada a Castilla y quedando desde entonces, como el resto de Navarra, vinculada a los demás reinos hispánicos, la Ribera de Navarra va a vivir tras los años de crisis bélica provocada por la citada incorporación a Castilla, una paz que traerá consigo cambios políticos, sociales, económicos y culturales, trascendentales para su futuro:

Grisallas de la escalera del Palacio del Marqués de San Adrián, Tudela

En estos momentos se produce:

  • La desaparición de la convivencia de distintas culturas y comunidades en el mismo espacio urbano, en concreto lúdela, que había enriquecido y alimentado el espíritu de la ciudad desde el S.XII. En 1498 la floreciente y numerosa comunidad judía de lúdela, de la que diera hijos tan ilustres como Benjamín de Tudela o Abraham Ibn Ezra, se vio obligada a elegir entre la conversión o el exilio. Años más tarde, en 1516, se produce la expulsión de los moriscos, motor del comercio y la agricultura en la Ribera, que emigraron en su mayoría a las cercanas tierras del Somontano del Moncayo, en el reino de Aragón.
  • Tudela pierde sus murallas, así como su castillo, al igual que las otras poblaciones riberas, con la excepción de Morcilla, que gracias a la valerosa defensa que Doña Ana de Velasco hizo frente al invasor castellano pudo conservarlo. Después de tan lamentable pérdida la Ciudad queda postrada en una melancólica tristeza de la que poco a poco irá recuperándose, volviendo a disfrutar de un pasado esplendor fomentado en su situación geográfica, el florecimiento y recuperación de la actividad agrícola y el asentamiento de una incipiente y muy variada industria artesanal, entre la que destacarán los gremios de yegüeros, trujaleros, zapateros, veleros, pelaires, herreros,..., y un sin fin de profesiones, de las que hoy sólo nos queda el entrañable nombre de algunas de las calles que ocuparan en el Casco Antiguo.
  • El renacimiento cultural y artístico de la Ribera se nutre de la introducción en España del Renacimiento entendido como proceso artístico, social, económico y vivencial que ocupará el siglo XVI y que vo a revolucionar lo vida de nuestras tierras y gentes.

EL RENACIMIENTO ARTÍSTICO

El arte del Renacimiento fecunda la Ribera durante un siglo de esplendor, del que nos han sido legadas obras de incalculable mérito y belleza. Las iglesias parroquiales de buena parte de municipios de la zona, los palacios tudelanos que encontramos en el más bello conjunto renacentista del norte peninsular, la calle de la Rúa, con perlas como la Casa del Almirante; y los soberbios conjuntos del Palacio del Marqués de San Adrián y del Deán van a conformar un conjunto monumental inigualable, que permite este itinerario en busca de un tiempo y un espíritu de humanismo, belleza y cultura difícil de repetir y que supuso la existencia de un periodo de tolerancia y convivencia en un tiempo de belleza y refinamiento.

Retablo Mayor (detalle) de la Parroquia de Santa María. Valtierra.

Durante el siglo XVI se construyen la mayoría de las iglesias parroquiales de la Ribera, algunas de ellas las más sobresalientes de la arquitectura religiosa renacentista navarra.

Construidas en ladrillo, al interior reflejan una visión unitaria del templo según el concepto espacial renacentista. Destaca especialmente la Parroquia de San Juan Baustista de Cintruénigo y las parroquias de Arguedas y Valtierra.

Fiel reflejo de la cultura humanística de sus propietarios son las construcciones civiles. En la Ribera la arquitectura civil renacentista está íntimamente relacionada con la aragonesa del momento. La capital cuenta con un bello conjunto de palacios entre los que destaca el del Marqués de San Adrián y los situados en la calle de la Rúa.

La edad del humanismo llega a la escultura ribera de la mano del maestro francés Esteban de Obray que realiza el coro de la Catedral de lúdela. En la escultura temprana hay una clara influencia de talleres aragoneses, como podemos apreciar en las obras de Gabriel Yoly y Domingo de Segura.

En el último tercio del siglo XVI, coincidiendo con el romanismo, estilo que popularizó e hizo suyo la Iglesia surgida del Concilio de Trento, la escultura se potenciará especialmente debido al impacto causado por el gran retablo de Santa María de Tafalla, obra de Juan de Anchieta. De esta manera la Ribera participará, con sus retablos y esculturas exentas, del movimiento que está viviendo todo el norte peninsular cuyo punto de referencia e inspiración será la obra de Miguel Ángel y los círculos manieristas formados en su estela.

La obra más significativa es el Retablo Mayor de la Parroquia de Santa María de Valtierra. Como escultores más destacados hoy que señalar a Juan de Biniés que trabaja sobre todo crucificados como los de Buñuel, Cortes, Cintruénigo y Murchante, de estilo romanista y, ya enlazando con el naturalismo, a Juan de Bazcardo, que nos muestra su buen hacer en la Virgen del Soto de Caparrosa, en una fase ya tardía del estilo.

La pintura del siglo XVI tiene su marco de referencia en la retablística. Junto a artistas aragoneses o dependientes de esta escuela, aparecen también artistas extranjeros de Italia y Flandes.

En la Ribera Alta los ejemplos de pintura sobre tabla son contados y ninguno de pintura mural, no así en la zona de la Ribera Baja con Juan de Lumbier como muralista, el flamenco Rolan de Mois que realizó obras para La Oliva y Fitero, el italiano Pietro Morone que pinta las tablas del Retablo Mayor de Fustiñana y Pedro Pertús que contrata en 1578 el retablo de San Martín de la Catedral de lúdela.

LA RIBERA ALTA

Recorreremos las localidades situadas más al norte de la Ribera, tierras duras, labradas por el hombre junto a las Bardenas Reales, tierras de secano pero bañadas por ríos que buscan morir en el Ebro y que permiten su desarrollo, tierras de frontera y tr á nsito del sur a la Navarra del norte, h ú meda y lluviosa; tierras azotadas por cierzo y bochorno, por olvidos y abandonos.

Retablo Mayor de la Parroquia de Santa María. Valtierra.

Arguedas, Valtierra, Cadreita, Santacara, Mélida y Murillo el Fruto, han conservado con orgullo su riqueza artística de estilo renacentista, en sus iglesias, casas-palacio y en su esp í ritu. También podemos visitar otras localidades que poseen obras renacentistas notables como Villafranca, Azagra, San Adri á n, Caparrosa y Milagro.

Retablo Mayor Iglesia de la Asunción. Mélida

Iniciamos nuestro caminar en la antigua villa bardenera de Arguedas, donde nos detendremos en su Iglesia parroquial. La Iglesia de San Esteban, construida en la segunda mitad del siglo XVI, es de estilo plateresco. Destaca al exterior por su altura y volumen, construida casi en su totalidad en ladrillo bien trabajado.

El estilo plateresco, del que vamos a encontrar importantes ejemplos en toda la Ribera, es un estilo arquitectónico y decorativo que surge en el reinado de los Reyes Cat ó licos y tiene su apogeo durante el primer tercio del siglo XVI. Toma su nombre de la ornamentaci ó n de gran minuciosidad y finura, a base de medallones, escudos y orlas, d á ndole impresi ó n de un tapiz pegado al muro, ornamentaci ó n que recuerda el trabajo de los orfebres sobre la plata.

Al interior se compone de nave única de dos tramos, crucero, cabecera pentagonal y coro alto a los pies. Sobre ménsulas platerescas de yeso apean todos los nervios que configuran bellas b ó vedas estrelladas que cubren el templo.

En la copillo de la Virgen del Rosario hay un magnífico Retablo de traza propia del Bajo Renacimiento. Cartelas, querubines, columnas decoradas en su tercio inferior sirven de marco a las pinturas sobre tabla, de estilo manierista italianizante, que completan el conjunto del Retablo en un estilo cercano a la obra de Juan de Lumbier.

Abandonamos Arguedas para llegar a su vecina Valtíerra, villa fundada por los árabes y conquistada por los reyes navarros y en el siglo IX. Aquí , como en Arguedas, se han fundido y hermanado sangre bardenera y pastoril, monta ñ a y ribera. Fruto del esfuerzo y devoci ó n de sus gentes se erigi ó entre 1532 y 1548, en estilo Reyes Cat ó licos, este edificio de grandes proporciones que es la Iglesia de Santa Mar í a. Dispone de nave ú nica y capillas entre los contrafuertes, y se halla cubierto con b ó vedas estrelladas bien trazadas .

Su Retablo Mayor, ante el cual debemos sentarnos sin prisa para su disfrute, es uno de los conjuntos más monumentales de la escultura navarra de finales del siglo XVI, realizado en estilo romanista con la colaboraci ó n de los artistas m á s representativos de la zona. Su traza arquitect ó nica, ordenada pero bastante compleja por el amplio n ú mero de cuerpos y de calles deja espacio a un verdadero alarde de iconograf í a religiosa. Sobresalen por su calidad la imagen de San Ireneo, patrono de la villa y las dem á s figuras de la calle central.

La capilla situada a los pies del lado de la Epístola alberga dos retablos de tamaño mediano de finales del siglo XVI dedicados a Sonta Luc í a y a Sonto Cato í ina de Alejandr í a, ambos de estilo romanista.

Cercanos a la puerta de entrada podemos contemplar una buena talla del crucificado sobre un lienzo con María y San Juan de hacia 1660 y una talla de Cristo atado a lo columna de estilo renacentista, expresi ó n contenida y marcada musculatura.

El retablo de lo Virgen del Rosario da nombre a la capilla que lo cobija, las trazas y pinturas son de comienzos del siglo XVII. Destaca la talla de la titular del primer tercio del siglo XVI en estilo romanista.

Adosadas a los pilares del crucero se conservan dos magn í ficos pulpitos de estilo plateresco del siglo XVI, con profusa decoración a base de grutescos, medallones con bustos y balaustradas.

Dejaremos la villa bardenera para continuar hacia el norte, hasta la vecina Cadreita donde encontraremos, en el interior de la Parroquia de San Miguel dos magníficos retablos de finales del siglo XVI.

Ubicados en ambos extremos del crucero, deben sus trazas arquitectónicas a Blas de Arbizu y las pinturas sobre tabla de estilo manierista italianizante a Juan de Lumbier.

En uno de los tramos de la nave de la Ep í stola hay un Cristo cwcificodo, talla del último tercio del siglo XVI, de estilo romanista, de modelada anatom í a. Otro crucificado romanista se conserva en la Sacrist í a, é ste de abundantes paños.

Ahora nuestro viaje será un poco más largo, hacia el norte, hasta el corazó n de la ribera del Aragón, balcón de bárdenos, tierra dura y de influencia monacal. Visitaremos las localidades de M é lida, Santacara y Murillo el Fruto, para en ellas contemplar tres importantes retablos renacentistas.

En la cabecera de la Iglesia de la Asunción de Mélida construida en estilo Reyes Católicos, podremos contemplar su magnífico Retablo Mayor, bello retablo romanista de finales del siglo XVI. É ste destaca especialmente por su gran tama ñ o y traza manierista, apreci á ndose una clara inspiraci ó n en el retablo de Santa Mar í a de Tafalla. Tallados en relieves y escultura, de bulto redondo podemos deleitarnos contemplando episodios de la vida de Cristo.

En Santacara, ubicado en la cabecera de la Parroquia de la Asunci ó n, destaca también su Retablo Mayor. Este mueble litúrgico, como todos los retablos, se hab í a convertido en la herramienta principal para el adoctrinamiento de los fieles. De estilo romanista est á dedicado a la Asunci ó n de la Virgen, cuesti ó n puesta en entredicho por la Reforma. Realizado por varios maestros, su traza es eminentemente arquitect ó nica. Escenas de la Pasi ó n de Cristo y la vida de los santos reflejan la monumentalidad caracter í stica de esta escultura y el gusto por las figuras de canon alargado, elegancia y expresividad de uno de los maestros escultores.

En Murillo el Fruto resulta obligado visitar la Parroquia de Santa María, que empezó a construirse en el año 1528, en estilo gótico-renacentista. Su Retablo Mayor, en forma de artesa, se adapta al espacio de la cabecera y fue ejecutado a finales del siglo XVI por Pedro de Arceiz.

La arquitectura de este retablo, como la de los demás romanistas existentes en la Ribera, toma como modelo la obra práctica y te órica de afamados artistas italianos como Miguel Á ngel, Serlio, Palladlo,... aunque su fuente directa de inspiraci ó n es el Retablo de Astorga, obra de Gaspar Becerra. En la claridad estructural y limpieza decorativa del mismo resaltan los relieves y las im á genes, dotados de una mayor monumentalidad.

Las iglesias de la Ribera construidas a lo largo del siglo XVI, corresponden a una tipología similar, podemos visitar adem á s las de Milagro, Azagra, Caparrosa y San Adri á n de una sola nave.

Son interesantes y de estilo romanista el Retablo Mayor de la Iglesia de San Adrián, la talla de la Virgen del Rosario en la parroquia de Nuestra Señora de los Abades de Milagro, la Virgen del Soto que preside la Bas í lica del mismo nombre en Caparrosa, preciosa talla de Juan de Bazcardo. Una talla de la Virgen en la Iglesia de Azagra y en Villafranca el bello busto de Santa Eufemia.

Termina aquí nuestro andar por las tierras del norte ribero, volvemos a Tudela para iniciar una nueva ruta, ahora por la Ribera Baja del Ebro.

LA TUDELA RENACENTISTA

El principal foco del renacimiento en la Ribera se encuentra en la capital, Tudela, pues este movimiento es urbano, propio de una nobleza que conserva en nuestra tierra todo su poder económico pero que no quiere quedar al margen de la historia y de los nuevos tiempos, una vez abandonado el medievo, y que quieren contribuir al renacer de una Navarra que ha perdido su condici ó n de reino pero mantiene sus Fueros y privilegios.

Coro de la Catedral de Tudela (Detalle)

Vamos a recorrer el corazón del Casco Antiguo de la vieja Tudela, esa que en el siglo XVI empieza a salir de las murallas que la aislaban de la aljama morisca y a respirar los aires humanistas de una nueva época. Vamos a partir de la Plaza Vieja, que ya conocemos de nuestro itinerario rom á nico-g ó tico, para andar, disfrutar y contemplar los palacios de la Plaza de San Jaime y la calle R ú a, la m á s bella joya renacentista, las obras art í sticas de las Iglesias de San Jorge, Santa Mar í a Magdalena -que ya conocemos- y El Carmen, ¡ unto a la calle de Herrerías.

Iniciamos nuestra visita en la antigua Colegiata de Santa María, ahora Catedral, ya la conocimos en nuestro itinerario románico-gótico. El tiempo y su eclecticismo, enriqueció el templo medieval con notables obras renacentistas, de las cuales destacamos el coro, la pintura mural del trascoro y el Retablo de San Martín.

El Coro de la Catedral de Tudela fue realizado por encargo del De á n Villalón a partir de 1519. El artista ejecutor fue el francés Esteban de Obray, buen conocedor de los estilos g ó tico y renacentista. Destacan sobre todo la reja plateresca de madera tallada con los tableros extremos, por su decoraci ó n a candelieri y remate calado. En la tracer í a g ó tica de los sitiales se entremezclan aves, animales fant á sticos y bustos humanos de sabor plateresco, que marcan el inicio del Renacimiento en Navarra.

La pinturo mural del trascoro, realizada por el artista Juan de Lumbier a comienzos del siglo XVII, representa un Juicio Final. El carácter manierista de esta obra se hace evidente en las musculaturas exageradas de los personajes, los violentos escorzas y la forma de aplicar el color.

El Retablo de San Martín, fue realizado a instancias del tudelano Martín de Mezquita y llevado a cabo por el pintor Pedro Pertús en la segunda mitad del siglo XVI. Destaca especialmente por el repertorio decorativo plateresco que cubre su estructura arquitectónica. En la hornacina central aparece la imagen de San Martín y el resto son pinturas sobre tabla con escenas de Cristo e historias relacionadas con la vida de San Martín.

Terminada nuestra visita a la Catedral, saldremos por la calle Roso, para continuar por las calles Rúa y Pasaje hasta la Iglesia de San Jorge el Real. Esta parroquia, antigua iglesia de la Compañía de Jesús, guarda en su interior interesantes y valiosas obras de arte de estilo renacentista.

Cercana a la puerta de entrada, en el lado del Evangelio, encontramos una cruz de madera con pintura del Ecce Homo, del último tercio del siglo XVI.

Busto-Relicario de San Esteban. Iglesia de San Jorge El Real. Tudela

En la primera capilla, sobre una peana, se ubica la talla de la Virgen de la esclavitud. Figura elegante y delicada a la vez de rotunda y monumental. Se data a comienzos del siglo XVII y está próxima al estilo de Juan de Biniés.

En el crucero, y sobre peana, está la talla de San Juan Bautista, de estilo romanista, fechada hacia 1600 aunque muy repintada en el siglo XIX.

En una de las dependencias parroquiales se guarda el busto relicario áe Son Esteban, quizá la pieza más valiosa dentro del estilo por ser obra del conocido escultor Gabriel Yoly, fechada en 1537. Este busto reflejo del Santo y continente de reliquias, fue sufragado por los parroquianos de San Jorge.

Cruzaremos la calle Herrerías para acercarnos hasta la Iglesia del Carmen, en la calle de su mismo nombre, en lo que fue aljama morisca.

En la iglesia de este convento filipense de estilo manierista se ubican en la Capilla de la Piedad, dos tallas romanistas de hacia 1600, una del Cristo atado o la columna que expresa el dolor de la pasión en su fuerte musculatura y rostro contenido y la talla del Ecce Homo que presenta cierto naturalismo destacando el plegado del paño de pureza y el manto púrpura.

Nuevamente volvemos a la calle Herrerías para ascender por ella hasta la Plaza de San Juan, donde visitaremos la Iglesia de la Compañía de María y el antiguo Convento de Dominicos, hoy Colegio de San Francisco Javier.

En la primera encontramos el Retablo colateral del lado del Evangelio, una bella talla manierista de la Virgen con el niño fechada en 1570.

Es una magnífica representación de la dulzura maternal, el niño miguelangelesco se abandona en los brazos de su madre, resultando el conjunto bastante monumental.

La Iglesia del antiguo Convento de Dominicos ligada al Deán Violón, de estilo gótico-renacentista, fue construida entre 1525 y 1541. Es el único edificio que se conserva del antiguo Convento de Dominicos, ubicado donde esta hoy el colegio.

El templo presenta tres espaciosas naves cubiertas en cada uno de sus tramos por espectaculares bóvedas estrelladas góticas.

Un magnifico Crucifijo del segundo tercio del siglo XVI sobrevivió a la exclaustración del Convento y hoy se venera al interior del templo. Estilísticamente esta obra de arte guarda relación con la obra del escultor aragonés Gabriel Yoly.

Por las angostas calles Granados y Serralta, antiguo Camino de Murchante en el siglo XII, llegaremos a la Plaza de San Nicolás para, por Caldereros, llegar a la Iglesia de Santa María Magdalena, joya del románico-gótico que ya conocimos. Volvemos a un templo medieval para encontrarnos con uno de los mejores conjuntos del primer renacimiento navarro, algo que va a merecer una contemplación más detallada.

Presidiendo el templo parroquial, en el corazón de la primitiva ciudad musulmana, encontramos este Retablo Mayor de mediados del siglo XVI, obra de Domingo de Segura, de estilo relacionado con la escuela aragonesa del segundo cuarto del citado siglo XVI.

Su traza es plateresca y consta de un banco, cuatro cuerpos y ático. La iconografía es variada a base de Santos, Padres de la Iglesia, Evangelistas, etc., destacando especialmente un Ecce-Homo por su buena calidad como una de las mejores tallas del conjunto.

Por último, antes de acercarnos a la arquitectura civil, visitaremos en el corazón de la ciudad, la Plaza Nueva, la Iglesia de Santa María de Gracia. Corresponde al modelo de templo gótico-renacentista y fue construido gracias a las donaciones del ilustre tudelano D. Miguel Eza y Veraiz. Las obras comenzaron en 1557. Al interior la amplia nave se cubre con bóvedas estrelladas de rica tracería y al exterior es una fábrica prismática de ladrillo con potentes contrafuertes y gran cornisa de labores angulosas.

Ubicado en la cabecera de la iglesia destaca el Mobló Mayor, realizado, en 1635 por Juan de Gurrea. Con proyecto de Jerónimo Estarragan. De tamaño mediano y traza manierista se estructura en banco, cuerpo único y triple ático, cubriéndose con pinturas de estilo tenebrista entre las que destacan los lienzos de San Lorenzo y San Buenaventura. Preside el Retablo una talla de la Virgen con el niño de comienzos del siglo XVII.

Si hasta ahora hemos contemplado la arquitectura e imaginería religiosa, ahora nos detendremos en los bellos ejemplos de arquitectura civil que orgullosamente nos recuerda las glorías pasadas de quienes con amor a su pueblo las erigieron. Partiremos del mejor conservado y más restaurado de los palacios renacentistas, hoy nuevamente lugar de cultura y enseñanza, para continuar por las angostas calles que en su día andará Don Pío Baraja en su visita a lúdela a principios de nuestro siglo, quizás los más bellos rincones de la ciudad donde medievo y renacimiento se hermanan, calle Mogollón, Roso, Yehuda ha Levi, San Antón, San Nicolás y Rúa.

El Palacio del Marqués de San Adrián, donde iniciamos nuestro caminar, es un noble y monumental edificio renacentista construido en ladrillo en la primera mitad del siglo XVI. Es la obra cumbre de la arquitectura civil tudelana. En la austeridad de su fachada destaca su impresionante alero primorosamente tallado y atribuido a Esteban de Obray según la tradición.

Al interior, entorno a un patio de dos alturas, se distribuyen las salas del palacio. Las bellas proporciones y formas de este conjunto nos recuerdan los palacios italianos a cuyo estilo pertenece.

Hay que destacar especialmente la decoración a base de grisallas de mediados del siglo XVI que cubre la escalera, por su singular programa iconográfico, excepcional en España. Reúne diosas de la mitología clásica ¡unto a heroínas de la antigüedad grecorromana exaltando sus virtudes.

Por la calle Mogollón, lentamente, nos dirijimos a la Plaza Vieja o de la Verdura para, por la calle del Roso, ¡unto a la Puerta del Juicio de la Catedral, afrontar la soberbia fachada plateresca del Palacio del Deán.

Este palacio, lugar de glorias pasadas que albergó a ilustres visitantes, tiene dos momentos constructivos, uno en el siglo XV y en estilo gótico-mudéjar y otro, que es el que nos interesa, de estilo renacentista. La fachada principal del Palacio se realiza en el año 1515 y es plateresca como se aprecia en la decoración ornamental de sus vanos. Fue construida ba¡o los auspicios del Deán Villalón cuyas armas aparecen ¡unto a la portada.

La distribución en fachada de este palacio sigue el modelo arquitectónico del Valle del Ebro.

Desandando nuestros pasos hemos vuelto a la Plaza Vieja para, por San Antón, situarnos en la Plaza de San Nicolás. Desde allí, frente al Palacio los Aperregui, subiremos pausadamente, como si fuésemos un hombre renacentista en vez de un viajero curioso, por la calle Mayor de la Tudela del siglo XVI, la Rúa. Pero centraremos nuestra atención y mirada en dos palacios civiles que son joyas de arte renacentistas, la Casa Ibáñez Luna y la Casa del Almirante. La Casa Ibáñez Luna, de amplias dimensiones, se distribuye en tres alturas. En la planta noble conserva la decoración de uno de sus balcones, con el repertorio típico del Renacimiento a base de grutescos, guirnaldas, "putti", etc.

Se culmina en galería de arquillos de tradición aragonesa y alero tallado. Al interior, posee un patio de planta cuadrada elevado en tres alturas.

La Casa del Almirante es la belleza hecha ladrillo, filigrana plateresca, madera amorosamente tallada. Esta fachada que ahora vemos es majestuosamente serena, proporcionada, armoniosa, refinado y bella, simplemente por el placer de ser bella. La casa de los Cabanillas-Berrozpe se construyó hacia 1540 siguiendo los modelos arquitectónicos del Valle del Ebro (planta baja, piso noble y ático con galería de arquillos), pero el artista que nos legó esta obra maestra estaba tocado por la divina inspiración cuando, como si de una pintura se tratara, proyectó y ejecutó la fachada.

Su decoración plateresca, hoy por fortuna restaurada totalmente, el ritmo estético de sus huecos y macizos en las plantas altas, su profusión y belleza iconográfica en los bustos y figuras de la balconada principal, así como en la galería de arquillos y el sobresaliente alero que la culmina, son la perfecta representación de un legado de belleza, fuente permanente de inspiración y sabiduría.

LA RIBERA BAJA

Dejamos Tudela con el recuerdo todavía vivo de esta última joya que hemos visto, y nos dirigimos por los caminos de la Ribera a seguir encontrándonos con el Renacimiento. Andaremos caminos del Queiles y el Alhama, y haremos parada en aquellos lugares donde podemos encontrar obras más que notables.

Por rutas del Alhama llegamos a la villa de Cintruénigo, famosa por sus vinos y buenos artesanos.

Nave Central. Parroquia de San Juan Bautista. Cintruénigo.

Nos encontramos en la Parroquia de San Juan Bautista, impresionante por sus dimensiones. Responde al tipo "hallen Kirche" o iglesia de planta Salón. Comenzó a construirse a principios del siglo XVI y sufrió diferentes etapas constructivas hasta el siglo XIX.

Al interior, el espacio está compartimentado en tres naves y cinco tramos por los alineamientos de los pilares cilindricos. Se cubre con bóvedas estrelladas que aumentan la espectacularidad del conjunto.

Al exterior, los sillares regulares conforman un gran volumen.

En esta iglesia se venera el Cristo de la Vera Cruz, interesante talla de hacia 1530, de rostro expresivo y cuidada anatomía.

Preside el presbiterio un magnífico Retablo Mayor de estilo plateresco aragonés realizado por Esteban de Obray y Guillen Obispo. Es un retablo mixto, con escenas escultóricas en la calle central y pinturas en el resto del retablo, realizadas algunas por el pintor aragonés Pedro de Aponte, e inspiradas en modelos italianos.

Por un bello paisaje de huertas abandonaremos Cintruénigo para llegar a la vecina Fitero. Esta antigua y orgulloso población que conocemos por su importante Monasterio contiene también relevantes muestras renacentistas que enriquecen su rico patrimonio artístico.

El Retablo de la Purísima de hacia 1590, está ubicado en un brazo del crucero de la Parroquia de Santa María.

Retablo Mayor. Monasterio de Fitero

De traza manierista, con resabios platerescos, consta de banco, tres cuerpos y ático. Las pinturas sobre tabla presentan un rico colorido con predominio del verde y colores tornasolados. Su artífice fue un pintor aragonés influenciado por Rolan de Mois y Jerónimo de Cosida.

El Retablo del Cristo de la Guía es un retablo de tamaño mediano, de comienzos del siglo XVII y estilo romanista. Destaca la talla del crucificado, obra de Bernabé Imberto, de tamaño mayor que el natural y estilo romanista. Es interesante en él su esquema levemente curvado, el tratamiento de la cabeza y el paño de pureza.

A la cabecera de la iglesia se adosa el gran Retablo Mayor, manierista del último tercio del siglo XVI.

Consta de un banco, tres cuerpos y un remate en frontón curvo. Enmarcan el conjunto dos grandes columnas de orden gigante. La calle central se reserva para la escultura (coronación, Asunción de la Virgen y el Calvario).

El resto son tablas pintadas por Rolan de Mois y su taller inspiradas en modelos italianos, y haciendo uso de una rica gama de color que da una ambientación veneciana al conjunto.

Por último, visitaremos el Claustro de Sonto María. Desde la Iglesia, a través de una pequeña portada románica, se accede al claustro bajo construido a lo largo del siglo XVI. Es de estilo plateresco destacando sobre todo su rica y variada ornamentación que contrasta con la austeridad del sobreclaustro de estilo herreriano, formado por sobrias arcadas de medio punto y finalizado en 1630.

Dejamos los caminos del Alhama para adentrarnos en tierras de ricos vinos bañados por el Queiles que toma sus aguas desde el Moncayo. En Cascante, villa romana, visitaremos la Iglesia de la Asunción, que junto con la de Cintruénigo son los mejores ejemplos de iglesia renacentista de tres naves que se conservan en Navarra. Es de estilo Reyes Católicos y fue construida entre 1527 y 1558. En el año 1939 sufrió un incendio y perdió su magnífico Retablo Mayor romanista, realizado por Pedro González de San Pedro y Ambrosio de Bengoechea, aprendices, seguidores y difusores de la obra de su maestro Juan de Anchieta.

En la sacristía se guarda una pintura sobre tabla de la Asunción de finales del siglo XVI. La Virgen sale del sepulcro y rodeada de ángeles sube a los cielos donde le espera el Padre Eterno.

El conjunto es de gran belleza, por la línea cuidada del dibujo y la entonación dorada.

Saldremos de Cascante para acercarnos a la muy próxima Tulebras, hasta su monasterio, para contemplar su Retablo Mayor. Se trata de un retablo de finales del siglo XVI de traza manierista. Estuvo ubicado en el ábside interior del templo y fue desmontado en la última restauración en el año 1970. Alberga pinturas sobre tabla obra de Jerónimo Cosida. Es una de sus últimas obras y actualmente de las mejores que se conservan de este pintor.

Retablo Mayor. Monasterio de Santa María de la Candad. Tulebras

Los esquemas compositivos son muy elegantes, teniendo como referencia la obra de Rafael y de Leonardo. El color, de influencia veneciana, con predominio de rojos, verdes y amarillos tornasolados. Entre el colorido destaca la blancura de rostros y manos.

Por campos de olivos pasaremos de los pueblos del Queiles hasta la villa de Ablitas, donde encontramos en la Iglesia de Santa María Magdalena obras renacentistas no menos interesantes.

El Retablo Mayor que preside el templo parroquial es de mediados del siglo XVII de traza manierista. Se compone de doble banco y cuerpo único.

La imagen principal está dedicada a la titular, Santa María Magdalena. Es una talla monumental, que recuerda a los romanistas y a la vez anuncia el barroco en el plegado anguloso de sus ropajes.

Los lienzos pintados son de estilo italianizante destacando el de la Ascensión y el de la Asunción.

Existe también en la iglesia un pequeño retablito de la Virgen con el niño realizado en 1551 por Fierres del Fuego, de estilo plateresco y una talla de San José realizada por Juan de Biniés en 1620.

El viajero puede ahora elegir otras obras renacentistas en distintos municipios de la Ribera. El Palacio de Carlos V en el Bocal. Es éste un edificio originario del siglo XVI, aunque muy transformado sobre todo su fachada principal en el siglo XIX. Es especialmente agradable su entorno ajardinado. Detrás del Palacio se ubica la presa, obra de sillería del siglo XVI, realizada por Gil Morlones.

El Retablo Mayor AQ Fusfiñana, magnífico retablo de traza plateresca realizado entre 1561-1569. El autor de las pinturas fue Pietro Morone, artista italiano inspirado en el manierismo rafaelesco y en el miguelangelismo de la Capilla Sixtina, además de influencias de Fontainebleau. Tuvo como colaborador al pintor tudelano Juan de Monzón y la mazonería corrió a cargo de Pierres de Fuego. Consta de banco, donde se representan escenas de la Pasión, dos cuerpos con cinco calles, cuyas tablas se pintan con episodios de la infancia de Cristo, y un ático con el Calvario. El estilo es lineal con uso de colores claros y tornasolados propios de los manieristas.

Además, podemos visitar Corella y ver la imagen romanista de la Virgen del Rosario, en la iglesia del mismo nombre; en Monteagudo, la cruz procesional renacentista que se ubica en el presbiterio; en Foníellas, dos cristos romanistas; en Cabanillas, el retoblo renacentista de Santa Catalina, un crucificado romanista y la talla de la Inmaculada; en Ríbaforada, restos arquitectónicos renacentistas en la primitiva Iglesia de San Blas; en Cortes, un crucificado romanista obra de Juan de Binies y el Retablo Mayor; en Buñuel el grupo escultórico de Santa Ana, lo Virgen y el Niño, obra de Juan Biniés y un crucificado romanista que preside el Altar Mayor.

HOME

INICIO > QUE VER > RUTAS > RUTA POR EL RENACIMIENTO

HOTELES TUDELA
Central de Reservas On Line

 
© 2007 Asociación Hoteles de Tudela - C/Pedro I, 1-1º · 31007 Pamplona | Mapa Web
Diseño Anet
FALLO