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RUTA POR EL BARROCO EN LA RIBERA NAVARRARUTA POR EL BARROCOEL SENTIMIENTO BARROCO EN LA RIBERA NAVARRAEntre otras características sobresalientes, la Ribera presenta un continuo y permanente juego de contrarios, que llegan a configurar una unidad, un conjunto que convive en relativa armonía y complementariedad, una tensión continua de su geografía, en la que alternan las importantes llanuras del regadío con la quebrada y resquebrajada Bardena, la riqueza y verdor de las vegas de sus ríos con la sequedad del monte, la exuberancia de la vegetación con la planta leñosa... Tierra de desmesura y exageración, de escasas pero notables lluvias, de inolvidable cierzo, y de fríos y calores exagerados. Tierra de luz y claridad, tierra en que las estaciones discurren de modo marcado, sin demasiados avisos, tierra de amplios horizontes, que elevan la voz y pierden el pensamiento en el infinito. En lugar tan contrastado es de esperar que el espíritu del barroco, que tan peculiar forma de desarrollar las manifestaciones artísticas presenta, haya arraigado con gran fuerza y siga estando aún hoy presente en la Ribera, no sólo en manifestaciones artísticas, sino también en muchos de los modos de concebir la realidad. ![]() Este estilo, que más que estilo es sentimiento, que busca causar la sensación en el espectador a través de la búsqueda del movimiento, la tentativa por representar o sugerir el infinito, dar importancia a la luz y los efectos luminosos, impulsar el gusto por lo teatral, lo escenográfico y lo fastuoso y, en fin, mezclar todas las artes, encontrará en el paisaje ribero, caprichosamente erosionado, en el que se acarician la aridez de la estepa y la frescura del río, donde se dan la mano secano y regadío, el monte y la vega, donde sus infinitos espacios abiertos se llenan de luz, color y contraste de tonalidades, y en el sentir de sus gentes, llenas de socarronería y exageración, brusquedad y grandeza en sus expresiones, claridad de ideas y apasionamiento en el temperamento, dulzura y amargura, una tierra atemperada que se entrega generosa para engendrar la nueva semilla del movimiento barroco que llama a su puerta. El estilo Barroco se desarrollará en España en los siglos XVII y XVIII, coincidiendo con la monarquía de los Austrias y la aparición de la nueva monarquía de la casa de Borbón. El papel de la monarquía de los Austrias como paladín de la Contrarreforma católica marcará, de modo muy claro e intenso, las diversas manifestaciones culturales y artísticas. El importantísimo poder de la Iglesia condicionará las características y peculiaridades del Barroco peninsular y del Nuevo Mundo, dando contenido e imprimiendo religiosidad a la temática plástica, utilizando el arte como argumento convincente del poder católico, dirigiéndolo a la sensación antes que a la razón, buscando la provocación de las sensaciones como reafirmación del poder o del ensalzamiento de los sentimientos. Supone el barroco español una contrastada mezcla de ornamentación y sobriedad. Tras la inicial austeridad propia del llamado "estilo de los Austrias" explosionará luego en deslumbrantes fuegos de artificio. Sin embargo, su brillo y resplandor ocultará una economía muy débil, una gran crisis económica que llevará al Estado a una continua bancarrota. En contra de las apariencias los materiales con los que se trabaja son básicamente pobres, en contraste con la grandiosidad de las construcciones. Así, encontraremos magníficas iglesias y palacios en los que el ladrillo es mucho más frecuente que la piedra o el mármol, en los que aparecerán interesantes esculturas talladas en madera. En este contexto será en la pintura donde se alcancen los mayores logros en expresión, naturalismo y riqueza compositiva. La Ribera será escenario en la época barroca del asentamiento de numerosas Órdenes Conventuales, (Carmelitas descalzos, Carmelitas calzados, Jesuítas, Capuchinos, Dominicas, Compañía de María, Capuchinas) que, como en otros lugares donde se emplazaron, cambiarán el perfil de las villas o ciudades, creando auténticos "cinturones conventuales". A la vez, fue protagonista relevante de un desarrollo agrícola y ganadero, de importantes intercambios comerciales, y de la recepción de riqueza procedente de América o de la Corte, lo que tuvo su expresión en la construcción de espléndidas casonas y palacios, así como en la realización de importantes reformas de los cascos urbanos, dando lugar a la aparición de interesantes conjuntos urbanos barrocos en Corella, lúdela, Villafranca y Milagro, y dejando su impronta en obras menores de decoración en la práctica mayoría de sus pueblos. Se puede hablar de ciertas peculiaridades en el barroco de la Ribera, tanto en las construcciones de arquitectura religiosa (en la que el ladrillo será casi exclusivamente el material de construcción a diferencia de otras zonas de Navarra) como de arquitectura civil, que da cierta continuidad de estilo con el Valle Medio del Ebro, pudiendo encontrar paralelismos constructivos en la Rioja y Aragón. Desde el punto de vista escultórico, el material ampliamente utilizado fue la madera policromada, en la que se crearán importantes pasos procesionales, de gran teatralidad y perfección en sus trazas. La personalidad más destacada de la pintura barroca de finales del siglo XVII será Vicente Berdusán que, tiene una importante producción artística en el foco de lúdela desde el que irradia su influencia a otras localidades próximas y otros puntos de Navarra. ARQUITECTURA RELIGIOSALa Ribera será escenario de innumerables fundaciones religiosas, siendo muy destacadas en Tudela y Corella. La presencia en las ciudades de estas órdenes suponía un enriquecimiento simultáneo en el plano espiritual y en la cultura material, dando lugar a la aparición de importantes focos artísticos, siendo uno de los más destacables el de Tudela. ![]() La fundación de los grandes edificios religiosos corría a cargo de los llamados fundadores o patronos, miembros de la Iglesia o la nobleza, que en muchas ocasiones desempeñaban cargos políticos de relevancia en la Corte o habían hecho fortuna en el comercio con América y deseaban dejar constancia en sus lugares de origen con la financiación de edificios importantes o fomentando el arte como un medio de exaltar su imagen social. Los patronos o fundadores del complejo conventual dejarán su impronta en la colocación de sus escudos de armas en la fachada de edificios o lugares destacados del mismo. Era intención de los financiadores de estos edificios el obtener la mayor belleza y comodidad en los mismos, por lo que se encargaron las trazas y ejecución a maestros de obra muchas veces foráneos lo que llevó a una mayor difusión y homogeneidad en el estilo. La implantación en Navarra y en la Ribera a comienzos del siglo XVII de la arquitectura conventual trajo consigo la difusión de un nuevo modelo de iglesia, que supera las estructuras tordo-góticas características todavía en la época renacentista precedente. Los esquemas constructivos introducidos se mantendrán durante todo el siglo XVII y buena parte del XVIII, traspasando el ámbito de los conventos e inspirando santuarios y parroquias. La planto es casi siempre longitudinal de cruz latino, cuya nave central suele incorporar capillas laterales de menor altura y comunicadas entre sí, que funcionan prácticamente como naves laterales. En los alzados se recurre habitualmente a un orden de pilastras, generalmente de capitel toscano, a cuya altura corre una cornisa, decorada en los templos riberos con interesantes motivos barrocos. El cubrimiento del edificio se suele articular de modo abovedado, en medio de cañón con lunetos para los tramos de la nave, brazo crucero y cabecera, en tanto que en el crucero central se emplea media naranja sobre pechinas, que queda envuelta al exterior en una torre o cimborrio. Al exterior, los edificios se caracterizan por su nitidez e importancia volumétrica. Las fachadas cobran un papel diferenciador del edificio, manteniendo en ocasiones una traza común más o menos decorada. Se parte de un paramento rectangular de tres cuerpos delimitados en sus extremos por pilastras de orden gigante y coronado por un frontón triangular en cuyo centro se abre un óculo. En el nivel inferior se abre una triple arquería de ingreso, en tanto que en los restantes se distribuyen equilibradamente los vanos y muros. Es interesante destacar la apertura de estas fachadas a plazas, atrios u otros espacios cívicos, que permiten la contemplación global del edificio, desde una perspectiva más amplia. Normalmente las campanas no se alojan en torres ya que, según las disposiciones canónicas, esto será privilegio parroquial, sino en sencillas espadañas dispuestas entre la iglesia y el claustro. Los interiores buscan de algún modo cierto efecto escenográfico, muy típico por otro lado de toda la idea de espacio barroco, a lo que contribuye no solo la ornamentación propia del edificio sino también las luces, flores, ornamentos, lámparas y, en las celebraciones, la música del órgano. ARQUITECTURA CIVILLos siglos XVII y XVIII son siglos de gran construcción desde el punto de vista civil, tanto en lo que se refiere a la construcción de palacios y casonas de iniciativa privada como en lo relativo a la construcción de ayuntamientos, seminarios, bibliotecas, hospicios, hospitales,... En los palacios barrocos se busca, conforme a la tratadística de la época, no sólo la comoditáylü perpetuitá, sino también la belleza, requisito imprescindible para que el edificio sea alabado. La belleza de una casa viene definida por la correcta distribución y proporción de los elementos que lo configuran. Se encuentra también en relación directa con su ubicación. En consecuencia, las plazas, calles mayores y espacios próximos a las iglesias, constituyen los lugares más representativos de las ciudades, en los que se ubicarán las viviendas principales, convirtiéndose sus balcones en tribunas privilegiadas para contemplar los numerosos festejos y espectáculos propios de la época. ![]() Los palacios y casonas barrocas de la Ribera son edificios majestuosos que destacan del resto del caserío en que se emplazan. Se presentan como volúmenes rígidos y compactos debido a sus dimensiones y aspecto macizo. Se estructuran en varios cuerpos: el inferior, a modo de basamento con pocas aberturas, la planto noble, con grandes balconadas, y el ático, en que se abre una galería de arquillos o vanos adintelados. Suele rematar el conjunto un alero en madera, aunque resulta también frecuente el empleo del ladrillo formando dibujos geométricos. Un elemento fundamental de estos palacios es la existencia del escudo o blasón de la familia, colocado en lugar honorífico del piso noble, bien sobre la puerta principal o en esquina, alcanzando gran precisión volumétrica y decorativa. Es típico que en sus fachados se incorporen juegos de claroscuro que producen los cajeamientos y campos rehundidos. En el interior el elemento más destacado es la escalera, que se convierte en auténtico eje del edificio, ya que el resto de las dependencias se distribuyen en torno a ella desplazando así la función organizadora del patio renacentista en el interior del palacio. Las escaleras presentan complejidad en el trazado y gran originalidad, buscando teatralidad, perspectiva y movimiento continuo. Por ello, se utiliza la caja de escalera rectangular o cuadrada, cubierta por bóveda de gran altura y originalidad decorativa, en la que se abren huecos para dejar penetrar la luz, a modo de linterna, profundizando en la creación de un espacio insinuante, con interesantes juegos de luz y contra luz, dependiendo de la hora del día. Pese a la sobriedad de los exteriores, el interior de los edificios constituye un estallido de la decoración. Tan importante como el cambio en la concepción edificatoria resulta la nueva concepción del espacio urbano, cuyo más fiel ejemplo lo podemos encontrar en el casco urbano de lúdela que, derribadas sus murallas, cambiará su fisonomía con el recubrimiento del antiguo foso y la aparición de una nueva calle-avenida, la calle de Herrerías y la aparición del "dntvrón conventuol" que rodeará la ciudad en el antiguo barrio de la morería y la creación de una de las obras de mayor envergadura que ha tenido en su historia la ciudad, la construcción de la Plaza Nueva. RETABLOS. PINTURA Y ESCULTURAEsculturaEl trabajo de la retoblística en la Ribera evoluciona siguiendo distintas pautas:
Junto al retablo es en las imágenes procesionales donde el espíritu del momento, la exaltación y fervor religioso propio de la Contrarreforma, encontrará su máxima expresión. Lo aparición de los pasos procesionales élevara a un nuevo tratamiento de la escultura, en la que el trabajo del bulto redondo y las distintas perspectivas en que se debe ver la imagen adquieren importancia primordial, abandonándose las posturas frontales hasta llegar a una concepción más global de la talla. La imagen rompe las fronteras del templo y sale a la calle, invadiendo el espacio profano, la talla debe adoptar características cada vez más humanas, la expresión de los sentimientos de dolor o patetismo, que llevan a la incorporación en la escultura de elementos no propiamente escultóricos, como pelo, lágrimas o vestidos. El escultor más destacado en la Ribera será Juan de Biniés, destacando entre sus tallas las de El Cristo articulado de Valtierra, el Ecce Homo del Carmen en lúdela y Corella, el Crucificado de Cortes, Fitero, Buñuel y Cintruénigo, el Cristo de la siembra de Murchante, el Cristo de la columna de Corella, Villafranca, Valtierra, Cascante, Eitero, el Carmen y Hospital de Gracia de lúdela, el Cristo yacente del Carmen en lúdela, y un sinfín de imágenes y grupos escultóricos que, con cargada expresividad, dramatismo y teatralidad, suponen una manifestación del sentir barroco. PinturaLa pintura del Barroco en la Ribera y en toda Navarra se encuentra representada por Vicente Berdusán, asentado en su taller de lúdela desde el que introduce las nuevas formas propias de la escuela madrileña del último tercio del siglo XVII. Sus lienzos aparecen mayoritariamente integrados en retablos, formando conjuntos y, excepcionalmente, como pinturas aisladas. ![]() Técnicamente, Berdusán participa de una técnica suelta, de firme pincelada en la ejecución de sus pinturas, estableciendo composiciones de gran movimiento, en las que incluye escorzas y perspectivas un tanto artificiosas. Su paleta presenta una gran brillantez y riqueza, siendo muy destacables las tonalidades en rojos y azules y la consecución de vaporosidades y sensación de movimiento. La temática que trabaja es fundamentalmente religiosa, en la que desarrollará Inmaculadas, Vírgenes, Santos, grupos pictóricos,... Destacan entre su producción artística los lienzos de la sala Capitular y los lienzos del retablo del Espíritu Santo en la Catedral de lúdela, los del convento de las Dominicas, Hospital de Santa María de Gracia, Convento de Clarisas, Iglesia de San Jorge y Convento de Capuchinas en lúdela; Ermita de la Esperanza en Valtierra, y los de las iglesias de Funes, Fitero, Corella y Milagro. EL BARROCO EN LA RIBERA ALTARevestidos de la grandiosidad que les da su periplo norteño, los dos mayores afluentes navarros del Ebro, el Arga y el Aragón caminan firmes a su seguro encuentro el Arga y el Aragón, en esta comarca llana, de suaves y alomados relieves, de horizontes lejanos e inabarcables, tiñiendo de verde la vega que les da la mano y se recorta brusca por el azul pastel de cíelos infinitos, en ocasiones perturbados por las sugerentes formas de sus atrevidas nubes blancas. Iniciamos nuestro recorrido con una pequeña visita al municipio de Caparrosa, en el que la fuerza del Aragón ha esculpido los más bellos cortados yesíferos de Navarra. Dentro de su parroquia de Santa Fe tenemos nuestro primer contacto con el barroco de la Ribera, pudiendo contemplar su trabajado coro, la Capillo de Nuestro Señora del Rosario y su retablo mayor, una de las mejores obras del foco tudelano de retablistas, donde se consigue un importante movimiento y efectos de perspectiva, en el que la estructura y decoración están en la línea del churrigueresco más destacable de Navarra, siendo destacables también los lienzos de San Francisco Javier bautizando a los infieles y La Ascensión, ambos de Vicente Berdusán. ![]() De Caparrosa nos dirigimos a la vecina localidad de Villafranca, en la que podemos encontrar uno de los conjuntos barrocos más interesantes de todo el itinerario, integrado por la totalidad de elementos representativos del estilo, desde la propia ubicación de los edificios en un paseo que se asoma a la vega, apoyado sobre una trama ordenada de plazoletas, constituidas por grandes edificios civiles y religiosos que terminan de componer un espectacular conjunto. La ruta presentada puede iniciarse en el Paseo del Marqués de Vadillo, en el que destaca la Parroquia de Santa Eufemia, cuya visita, no puede dejar de provocar la sensación de grandiosidad que el templo manifiesta. Se trata de una monumental y espléndida fábrica de ladrillo de clarísima traza barroca, que mantiene una interesante armonía y equilibrio con el entorno circundante. Tanto interna como externamente se presenta como edificio prototípico. Su decoración interior logra excelentes efectos barrocos sobresaliendo el retablo de la Virgen del Rosario, de rica ornamentación. En el exterior presenta un juego de formas cúbicas y octogonales yuxtapuestas, siendo coronado por una torre barroca de importantes dimensiones, y de trazas y caracteres muy similares a los de la torre catedralicia de lúdela. Formando parte del mismo conjunto barroco encontramos, muy próximos a la parroquia, el Convento de Carmelitas que sigue la tendencia de los conventos del siglo XVII, pese a estar construido un siglo más tarde. Resulta fundamental toda la organización de su fachada principal, dividida en dos cuerpos. A pocos metros, el monumental Palacio de los Bobadilla, construido a finales del siglo XVII, concebido como un gran bloque de ladrillo, proporcionado, cúbico y con gran sentido de la horizontalidad. Presenta cuatro fachadas semejantes, divididas en dos cuerpos y un ático. Alrededor de todo este conjunto, apiñadas y estrechas callejuelas que conectan una sucesión de plazas; la Plaza de los Fueros y la Plaza Mayor en las que se encuentran otras interesantes obras barrocas de carácter civil, que responden con leves matices al esquema barroco de la zona, con edificios suntuosos que se enriquecen en el exterior con blasones de piedra, labores decorativas, balcones y rejas, y crean espacios abiertos, entrelazados y comunicados entre sí por un eje longitudinal, con continuos ensanchamientos y estrechamientos, en un imaginativo juego de luces y sombras, escarzos y tonalidades, que se nos muestran distintos según el momento del día en que los visitemos. ![]() En la Plaza de los Fueros, y formando ángulo con el Ayuntamiento, se encuentra otro hermoso edificio civil, el Palacio del Conde de Rodezno, el propio Ayuntamiento y otros edificios, hoy en día reformados. La visita no debe concluir sin un sosegado paseo por la calle Mayor, la calle de los Muchos, la de la Paja,..., en las que se conservan sugestivas obras de los siglos XVI, XVII y XVIII. Fuera ya de este maravilloso conjunto urbanístico, a escasos metros del mismo, se encuentra la Iglesia del Portal. Se trata de un edificio del siglo XVI, reformado y decorado en su interior con toda la riqueza del barroco, con las cubiertas muy ornamentadas a base de yeserías, follajes, enmarques geométricos, niños atlantes, querubines... Continuamos el recorrido, esta vez hacia Peralta, donde la vega se rompe precipitadamente por la escasa pero encrestada Sierra de Peralta, recortada bruscamente por el río, en un preludio de las bellas formas que adopta aguas abajo ¡unto a Peñalén, con la villa vecina de Funes. Fntre sus escasas obras podemos admirar la torre de lo parroquia vieja de San Juan, construida en el siglo XVIII, formada por la típica fábrica de ladrillo con varios cuerpos prismáticos decrecientes y rematada en cuerpo octogonal. Siguiendo el curso del Arga, que se funde en Funes con el Aragón, y de la Sierra que lo vigila descubriremos las importantes llanuras del regadío de Milagro, cuya población se sienta sobre una leve colina yesífera, desde la que se domina una rica vega en la que finalmente muere el río Aragón. Descubriremos ahora otro de los conjuntos barrocos más interesantes del recorrido, así como la manifestación exenta más bella de la ribera. En lo alto del pueblo la Parroquia de Nuestra Señora de los Abades que ya fue objeto de visita en el itinerario renacentista, llama ahora nuestra atención por su decoración interna, en la que destaca el monumental Retablo Mayor, el frontal áel altar y el retablo de San Blas, con un interesante lienzo que representa a San Fermín, obra de Vicente Berdusán. ![]() Destacable también, el conjunto urbano que rodea a esta parroquia, cuya cabecera preside una interesante plaza rectangular, conformada en uno de sus laterales por grandes palacios barrocos: el Palacio de los Condes de Guendulain, hoy casa de los Carrillo de Albornoz, importantísimo edificio cúbico, con clara tendencia a la horizontalidad y dividido en dos cuerpos y galería, y el Palacio de los Cunchillos. Al otro lado de la carretera, en la zona más llana de la villa, se encuentra la Basílica de Nuestra Señora del Patrocinio. Edificio muy bello, destacable sobre todo el conjunto barroco de la Ribera. Su concepción es muy elaborada, comparable con la Iglesia de la Enseñanza de lúdela. Presenta planta octogonal que alberga una elipse interna, en la que se abren cuatro capillas que configuran una cruz griega. El exterior genera un juego de luces, contraluces y sombras, volúmenes y paramentos, de gran efecto barroco. La multitud de torrecillas y cúpulas que coronan el edificio se hacen extrañas al barroco tradicional de la zona; sin embargo, el material utilizado en la misma, el ladrillo, así como las labores decorativas realizadas lo integran plenamente en el entorno. Seguimos ahora el curso de las caudalosas aguas del gran río, el Ebro, por su margen derecha, y nos aproximamos a los pueblos bardeneros. A partir de ahora vamos a sentir de modo especial la verdadera fuerza de los contrarios, la rasgada impresión que produce en todos nuestros sentidos el contraste paisajístico de la Ribera. Presididos por un horizonte infinito, se nos parte en dos el alma, sin posibilidad de expiación intermedia: a un lado la vega, verde, llana y rica, amablemente acompañada en sus confines por el serpeante frescor de los sotos del río; al lado opuesto la Bardena, parda, rojiza y clara, quebrada y seca, erosionada, pobre y silenciosa. Nuestra primera visita la realizamos a Valtierra que reúne destacados edificios como la Ermita de Nuestra Señora de la Esperanza, hoy integrada en el casco urbano, en la que sobresalen su sobriedad exterior y su interesante retablo interior dedicado a la Virgen de lo Esperanza, muy influenciado por la pintura de Berdusán, así como la decoración típicamente barroca a base de yeserías, motivos geométricos entrelazados y florones. Asimismo hay que destacar la torre de la iglesia de Sonta Moría, en cuyo interior podemos contemplar el retablo de la virgen del Rosario y la sillería del coro. Junto a la carretera, se mantiene con gran porte y belleza el Palacio de los Cámaro, que tan sólo conserva la fachada, realizada en ladrillo durante el siglo XVIII, con dos cuerpos diferenciados en tres calles por pilastras cajeadas de orden gigante. Las calles laterales rematan en dos importantes torres de sección cuadrada que elevan y dan gracia al edificio. En su decoración geométrica destaca el friso decorado con triglifos. Dejando atrás Valtierra, y antes de llegar al casco urbano de Arguedas podemos visitar la Basílica de Nuestra Señora del Yugo, localizada en un mirador que se abre a la llanura y a la Bardena al que ascendemos por el camino del Jugatillo, todavía en el término municipal de Valtierra. Se trata de un edificio del siglo XVII, en el que llama la atención su monumental fachada y, en su interior, el retablo Ya en Arguedas, protegida por un cortado de yesos que se le vienen encima se encuentra la Parroquia de San Esteban, completamente exenta y de dimensiones importantes, en las que destacan su sobriedad externa y, en el interior, el retablo del Altar Mayor y de la Inmaculada, donde se pueden apreciar pinturas próximas al taller de Berdusán. EL BARROCO DE LA RIBERA BAJANuestros pasos se dirigen ahora por los caminos de la Ribera Baja, por las villas y pueblos más llanos y meridionales de Navarra, vastas tierras de olivo y viña, de ríos exhaustos de disputadas aguas, de horizontes recortados por misteriosos montes como la Sierra del Moncayo o los Altos de Fitero. En esta ruta el paisaje agrícola se halla claramente dominado por la vid y el olivo, reduciéndose el cultivo hortícola a las riberas más próximas a los cauces del Alhama y Queiles. Iniciamos la ruta por el Valle del Alhama y más concretamente por Corella, modelo de ciudad barroca, donde el espíritu de este estilo caló hondo, tal y como trasciende de sus innumerables edificios religiosos y de su trama urbana. Accedemos al Casco Antiguo por su zona oriental, a través de la calle Mayor, vía principal que estructura y da soporte a su trama urbana. En ella nacen o se apoyan las más importantes calles y plazas que configuran el espado barroco que nos interesa. Descendemos entre casonas y palacios por la calle La Cruz hasta alcanzar la calle San Miguel, donde encontramos tres excelentes muestras de la más bella arquitectura civil barroca de la Ribera: el monumental edificio de ladrillo de la Casa de las Cadenas, con su espectacular escudo rococó en el esquinazo de su fachada; el Palacio de los Aguado, cuya fachada marcó las pautas de construcción para el resto de edificios civiles de las villas en la que destacan especialmente su carpintería y herrerías, de forja y fundición; y, frente al mismo, el imponente Palacio de los Arrese. Junto a éste y ya al final de la calle, encontramos el más destacado de los edificios religiosos barrocos de Corella, la Parroquia de San Miguel, en la que sobresale su monumentalidad exterior y la decoración del interior, llamando poderosamente la atención la importante cornisa que recorre perimetralmente la nave central hasta el crucero. Si fastuosa resulta la solución decorativa del interior del templo no lo es menos el retablo que preside su Altar Mayor, de gran movimiento y profusión decorativa. En la misma parroquia podemos contemplar las espléndidas tollas de Sonto Domingo de Silos y San Agustín, así como una imagen de Cristo crucificado. Al este de la Plaza España, la calle González Tablas en la que destaca, entre otros, el Palacio Sopranis. Al oeste, siguiendo la calle Malumbres, ascendemos hasta la Plaza de los Fueros, impresionante espacio urbano, presidido por la Iglesia del Rosario, de gran carga decorativa y ornamental. En las pechinas de lo cúpula que se asienta sobre el crucero, Vicente Berdusán dejó una de sus mejores improntas en la representación de los cuatro padres de la Iglesia. El Retablo Mayor, que preside el templo, es muy reseñable tanto en su traza arquitectónica como en sus lienzos. No menos relevante resulta el Palacio de los Virto de Vera, edificio de ladrillo en tres cuerpos con una galería de grandes proporciones, en el que destaca especialmente su escolera, cubierta con seis bóvedas y dos pinjantes. Saliendo de la Plaza de los Fueros por la calle Ramón y Cajal, en su encuentro con la calle Mayor nos sorprende una nueva muestra de arquitectura civil, el Palacio de los Goñi, ejecutado en tres plantas mantiene todos los elementos de la estructura original de la casa. Desde allí, descendemos por la calle Mayor para realizar una última visita, esta vez al Convento de la Encarnación justo en el extremo suroriental del Casco Antiguo. La fachada del edificio constituye uno de los ejemplos más representativos del tipo de fachadas conventuales de la Ribera. Su interior ha sido convertido en museo de arte sacro y conserva interesantes retablos, pinturas y otras piezas. Otras edificaciones de gran interés, situadas fuera del Casco Antiguo, son el convento del Carmen o Carmelitas Descalzos, la Iglesia-Convento de Nuestra Señora de Araceli y, el actualmente desaparecido, Convento de la Merced, así como la Ermita de la Virgen del Villar. ![]() Terminada nuestra visita a Corella dirigimos nuestros pasos a la vecina localidad de Cintruénigo en la que, entre sus varias interesantes manifestaciones barrocas, destacan la torre barroca de ladrillo adosada a la parroquia de San Juan Bautista así como las importantes muestras de posos procesionales de Juan de Biniés, y el Retablo Mayor de la Basílica de la Purísimo. En su arquitectura civil sobresale el Palacio del Conde de Guevara. Terminamos nuestro trayecto por el Valle del Alhama en la localidad de Fitero que, junto a su rico patrimonio románico-gótico, presenta importantes manifestaciones barrocas en la sacristía y en la capilla de lo Virgen de la Bardo, en la Iglesia de Santa María, con tallas como la del Cristo de la Guía, San Bernardo, San Benito y San Miguel, la caja barroca del órgano, los retablos de la Virgen del Rosario, San José y Sonto Teresa y el Baldaquino de la Virgen de la Barda. ![]() Desde Fitero podemos llegar a Cascante, en el corazón del Valle del Queiles, donde se puede apreciar nuevamente un importante conjunto barroco de calidad, la Basílica de Nuestra Señora del Romero, edificio emblemático de la ciudad. Edificada en la zona alta de la ciudad, enlaza con ella a través de una galería porticoda, hecha de ladrillo, con treinta y nueve arcos de medio punto sobre pilares para proteger a los visitantes. El templo destaca por su rica ornamentvdón interna con yeserías, por su Retablo Mayor y por los diferentes retablos que decoran las capillas laterales. Muy próximo a Cascante, en el monasterio cisterciense de Tulebras se conserva una imagen de vestir articulada de la Virgen de la Cama, un crucificado y una tollo de Son Antonio. No menos interesante resultan los lienzos conservados allí como el de la presentación del niño Jesús en el templo, el Rey David confesando su pecado o el lienzo del Prendimiento de Cristo. Tras visitar el Monasterio de Tulebras podemos acercarnos a Monteagudo donde se encuentra el Castillo-Palacio de los Marqueses de San Adrián que, reformado en el siglo XVIII, conserva una escalera cubierta con bóveda gallonada de tipo imperial. Por último, regresamos sobre nuestros pasos y nos dirigimos a Marchante en el que podemos contemplar la bella talla del Cristo de la Siembra, obra del insigne Juan de Biniés, y la talla de San Roque, ésta última cobijada en el retablo mayor, de traza churrigueresca. EL BARROCO DE TUDELALos siglos XVII y XVIII darán lugar en Tudela a la mayor reforma urbanística desde su creación. La ciudad saldrá de las antiguas murallas medievales conformando un trazado nuevo, una nueva dimensión en la que la creación de la plaza mayor y la calle Herrerías serán sus dos hitos más importantes. La Plaza Nueva de la ciudad, construida en el siglo XVIII, supondrá la apertura de la vieja Tudela mediante la superación urbanística del Queiles y constituirá el nuevo escenario del poder y la vida pública de los tudelanos. Concebida mediante un esquema ligeramente rectangular, constituye uno de los modelos de plazas mayores típicos de la España de la época. Sus fachadas y tejados casi uniformes se articulan a base de amplios corredores, destacando uno de sus edificios, la Cosa del Reloj, de mayor altura y coronado por la típica galería de arquillos. La creación de la calle Herrerías mediante el cubrimiento del antiguo foso permitirá el asentamiento de los, hasta hoy, más emblemáticos edificios barrocos de la ciudad, así el Palacio de los Marqueses de Huarte y el Palacio de los Heredia-Espinola. El Palacio del Marqués de Huarte constituye el ejemplo de arquitectura civil más representativo del barroco de la Ribera. Al exterior, presenta dos fochados, la principal a la calle Mercadal, decorada hoy con profusas pinturas murales que enmarcan sus vanos, y otra a la calle de Herrerías, mucho más sobria que la anterior, construida en ladrillo. El elemento más destacable de este edificio es su escolero-potio, un auténtico escenario teatral que ofrece distintas perspectivas, juegos de luces y contraluces y efectos claramente barrocos. El Palacio de los Heredia Espinóla es destacable por la sobriedad de su escolero, que recuerda el concepto de la escalera patio, y por su sugerente fachada, con una interesante decoración del arco mixtilíneo de la entrada. ![]() Será en el plano de la arquitectura religiosa en el que se alcancen las mayores cotas de barroquización y detalle; la creación de un cinturón conventual en la zona de la antigua morería prorJucirá un serio cambio en la fisonomía de la ciudad, con la construcción de impresionantes obras que han dado carácter a la ciudad. En la calle Mercadal encontramos el antiguo convento de los Jesuítas, hoy conocido como San Jorge el Real y Castel-Ruiz. La actual Iglesia de San Jorge el Real guarda la traza propia de las iglesias jesuíticas, así como formidables obras barrocas en el Retablo de su Altor Mayor, la Capilla de la Inmaculada, el retablo de Son Pablo, la antesacristía y la sacristía. Existen lienzos de Vicente Berdusán formando parte del retablo de San Pablo. El edificio Castel-Ruiz se articula en torno al polio; de tres alturas de gran belleza, en el que también resultan interesantes las escoteras con la bóveda que la recubre, así como la actual sala de exposiciones, en la que destacan sus importantes yeserías. No muy lejos del espacio descrito, en la Plaza de San Juan, se encuentra el Convento de la Compañía de María, maravillosa obra que distingue al barroco ribero, en el que nos asombraremos de la originalidad de su planta octogonal^/ su profusa e interesante decoración a base de retablos. Al exterior, la fachada presenta interesantes juegos de volumen, con las columnas cajeadas, los frontones y la alternancia de vanos. En su interior son muy destacables el Ketoblo Mayor, el pulpito, las ce/os/os áe las tribunas y las yesero de la iglesia y sacristías. Muy próximo a este edificio, en la calle a la que da nombre, se encuentra el Convento de Dominicas, del que es muy interesante destacar el valor decorativo de su facnaáa original, no sólo en los elementos que la decoran sino también en el material utilizado, diferente al del resto de los conventos, la piedra caliza. Esta fachada presenta una gran monumentalidad y ciertas dificultades de perspectiva, dado la estrechez de la calle en esa zona. En el interior, es muy interesante su cúpula y la decoración de la misma, así como su Retablo Mayor, en cuyas calles laterales se albergan pinturas de Vicente Berdusán. ![]() Extramuros de la ciudad, y cruzando la carretera, nos encontramos con otra de las instalaciones conventuales de la época, el Convento de Capuchinas que, pese a su construcción tardía, guarda claramente la traza barroca. Es muy interesante el movimiento que se establece en su fachada así como, en su interior, la molduración de la cornisa, insinuaciones que nos llevan a un espléndido retablo en el Altar Mayor. En los muros extremos del crucero aparecen sendos lienzos de Vicente Berdusán, la Virgen con el Niño y San José imponiendo el collar a Santa Teresa. ![]() Volviendo al Casco Antiguo de lúdela, en la calle del Carmen, encontramos la portada y la iglesia de lo que fue el Convento de Carmelitas Descalzos, hoy reconvertido en ambulatorio de la Seguridad Social; al final de la calle encontramos también la Iglesia del Convento del Carmen, con una soberbia fachada, en cuyo interior destaca el Retoblo Aloyo/; obra de Juan de Gurrea. Pero todavía no hemos visto todo, la obra cumbre del barroco Tudelano debemos buscarla en la Catedral de la ciudad, en su majestuosa Capilla de Santa Ana y en la Capilla del Espíritu Santo. La Capilla de Santa Ana tiene su origen en el año 1712, cuando el Concejo acepta la construcción de la misma. Presenta una plonto centrol, basada en un octógono irregular, en cuyos lados se suceden hornacinas cubiertas con veneras. Se cubre con una majestuosa cúpula con tombor ¡alonado por ocho ventanas de medio punto y ¡interno que también contiene ventanas, procede de todos estos vanos una importante iluminación. Los muros aparecen profusa y abundantemente decorados, en una combinación y alternancia de mármoles y yeserías policromadas, lo que permite conseguir un gran efecto barroco. Los mármoles se utilizan en el zócalo, en el que se superponen distintos tipos. El resto de la superficie, se halla recubierta de yeserías, con mucho relieve, que tienden a cubrirlo todo. La capilla contiene un complicado programo iconográfico en que se representa a los familiares y antepasados de la Virgen y Santa Ana así como a los Santos pilares de la Iglesia. ![]() La Capilla del Espíritu Santo, alojada también en la Catedral, está adosada a la nave de la epístola y fue durante muchos años parroquia de Santa María la Mayor. Esta capilla se concibe como planta combinada, con un tramo cubierto con bóveda de aristas y otro por cúpula con linterna. La cúpula descansa en pechinas que arrancan de unos machones formados por pilastras. Presenta esta capilla una interesante decoración de yeserías muy rizadas. En su programa iconográfico se incluyen figuras de la Iglesia así como los Santos Padres. Tanto a la capilla del Espíritu Santo como a la de Santa Ana se accede por una portada en forma de arco, concebida como arco triunfal con ricas e interesantes labores de forjado. Para concluir definitivamente nuestra ruta por el barroco de la Ribera podemos visitar El Bocal, complejo hidráulico situado en el municipio de Fontellas, muy próximo a Tudela, construido entre los siglos XVI y XVIII, y en el que destacan la Presa de Pignatelli, el Canal Imperial de Aragón y sus puentes, la Casa de Compuertas y el poblado situado ¡unto al Canal Imperial. |
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