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“Y desde aquí todos los caminos a Santiago se hacen uno solo”. Así reza el Monumento al Peregrino que nos da la bienvenida. Y no miente: Puente la Reina une las rutas de quienes cruzaban los Pirineos por Somport y los de Valcarlos.
 
Puente la Reina debe su nombre a un magnífico puente románico de piedra anterior a la villa. Cuentan que había sido encargado por una reina; otros aseguran que no era Regina la palabra original, sino Runa, como antiguamente se conocía al río Arga.
 
Este bello puente se edificó en la primera mitad del siglo XI para facilitar el paso de los peregrinos. Hoy, presume de seis ojos de medio punto de distinta abertura, uno más bajo tierra. Unos arquillos horadados en la piedra permiten el paso del agua cuando el río va crecido. Además, lo adorna la bonita leyenda de el Txori, un pajarillo que lavaba el rostro de la Virgen con el agua del río que transportaba en su pico.
 
Puente la Reina, cruce vital de caminos y gente, pronto se enriqueció económica y culturalmente. Muestra de ello es la iglesia del Crucifijo tardorrománica construida por los templarios a mitad del siglo XII, que acoge la Virgen con Niño del siglo XII y un bellísimo Crucificado gótico, proveniente de Alemania, llamativo por la forma de Y que tiene su cruz.
 
La calle Mayor es calle y arte a la vez: arquitectura popular con casas blasonadas, palacios, comercios de artesanos,...
 
La iglesia de Santiago el Mayor, de final del siglo XII y reconstruida en el XV, muestra su portada romana y las tallas góticas de San Bartolomé y de Santiago Beltza, denominado así por el color oscuro que tenía antes de que se restaurara.
 
Tras pasar por la entrañable Plaza Mayor, cerca del puente, está la iglesia de San Pedro y el convento de Comendadoras de Sancti Spiritus.
 
Gastronómicamente, la mesa está servida con alubias blancas o rojas, asado de cerdo o cordero, en época de caza, codorniz, liebre o perdiz y vinos excelentes de Valdizarbe.