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Muchos han dicho de ella que es una de las villas más bonitas de Navarra. Asentada bajo la colina de Muskilda, Ochagavía nace en el lugar donde los ríos Anduña y Zatoya se unen, creando el río Salazar. El caserío de Ochagavía, de estilo pirenaico, se arremolina en torno al río Anduña y los cuatro puentes de piedra que separan las dos partes del municipio. Dos puentes más cruzan el río Zatoya que abraza a la localidad.
 
Sus calles preciosas, de cantos rodados, son muy estrechas debido al frío clima que soporta el valle de Salazar en invierno. En Ochagavía aprecian y cuidan sus casas de piedra, respetan la madera y la teja plana vieja con la que construyen los tejados y sus aleros salientes. Muchas casas, algunas palacianas góticas, renacentistas y barrocas, tienen incluso nombre propio.
 
Envuelta en un paisaje que enamora, es la localidad más poblada del Valle de Salazar. Centro de la economía del valle, en sus plazas se celebran mercados ganaderos y ferias. Pero no sólo se dedican a actividades ganaderas y forestales, sino también al turismo, ya que las características del lugar permiten realizar deportes de invierno y excursiones en verano.
 
Nada más entrar a Ochagavía, hay un bonito crucero plateresco. Una empinada cuesta nos conducirá hasta la iglesia de San Juan Evangelista, con un retablo renacentista merecedor de la visita. Es obra del discípulo de Anchieta, Miguel Espinal.
 
En las proximidades de Ochagavía existen lugares increíbles que los habitantes de esta localidad aconsejan vivamente. A un paso, la Selva de Irati. A otro paso, en un desvío de la carretera que une Isaba con Ochagavía, la ermita de la Virgen de Muskilda. Sin apenas decoración, es un claro ejemplo de construcción románica. Todos los 8 de Septiembre, los salacencos suben a ella en romería. Ocho danzantes locales ataviados vistosamente con cascabeles, cintas multicolor y gorros cónicos bailan danzas propias de la tierra: cuatro números de paloteo, uno con pañuelos, una jota tradicional y un pasacalles con castañuelas. Están acompañados por gaiteros y por un personaje apodado el “bobo” que danza cubierto por una máscara de doble rostro.