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El bello pueblo de Elizondo es la capital del valle de Baztán, centro comercial y administrativo. Todo el valle forma un sólo término municipal y las propiedades comunales pueden ser utilizadas por cualquier vecino. Elizondo, lugar elegido para celebrar ferias y mercados, es una población animada, siempre en constante ebullición.
 
El norteño caserío de Elizondo se asoma a las orillas del río Baztán o Bidasoa. Las casas suelen ser grandes, con tejados a dos aguas y potentes aleros que protegen las preciosas balconadas de madera. Las puertas, formadas por un arco y zaguán, recogen la mirada del paseante.
 
Llama poderosamente la atención las numerosas casas señoriales y palaciegas que adornan Elizondo, especialmente en la calle mayor. De estas tierras, hubo tiempos en los que sus habitantes tuvieron que emigrar a América. Otros labraron su futuro como hidalgos en la Corte de Madrid y obtuvieron títulos nobiliarios. Algunos hidalgos e indianos regresaron y trajeron su fortuna.
 
Entre esas casonas, debemos destacar el Palacio barroco de Arizkunenea. Fue edificado en 1730 por Miguel de Arizkun, importante servidor de la Corte de Felipe V. Durante la primera guerra carlista tuvo como ilustres huéspedes al pretendiente al trono en España, Carlos de Borbón, a Zumalacárregui y al general Espoz y Mina.
 
La construcción porticada de la Casa Consistorial es barroca del XVIII. Aún guarda en su interior la antigua bandera del valle, que según cuentan, ondeó en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212.
 
Otras construcciones de renombre son la casa de Istekonea, los palacios Cabo de Armería Arozarena y el de Arretxea, la casa Francesenea, el Palacio Datue, la Casa del Virrey y la Iglesia de Santiago.
 
Para los amantes del dulce, aquí tienen su perdición. La pastelería Malcorra elabora un delicioso chocolate con avellanas. Pero es sólo el comienzo. En Elizondo las ricas tierras ofrecen productos de extraordinaria calidad: la carne de vaca, cordero y cerdo es magnífica, la trucha asalmonada exquisita, y en los postres, la cuajada y el requesón, quitan el sombrero. Un plato típico en el Txuri-tabeltz, un guiso elaborado con tripas de cordero muy bueno.